¡Hola otra vez!, ha pasado buen tiempo desde la última vez que me atreví a pasear por aquí.
De la nada se me fueron otros dos meses en un abrir y cerrar de ojos, cuánto no me pasó en ese tiempo... Bueh, dirán por ahí que es por algo y yo empezaré con mis reproches sobre qué carajo es ese «algo», entro en pensamientos existencialistas, fatalistas y todo lo que termine en «istas» hasta que mi maldita ansiedad me carcoma viva.
Pero bueno, no importa, has venido a leerme hablándole al aire y eso es lo que te daré.
Palabras al aire.
He de explicar, antes de empezar, que ésto empezó por un pequeño comentario (que por cierto, lo recibí hace ya bastante tiempo); decía que pareciese que hablo como si estuviese haciendo un listado...
Bueno, la verdad es que suelo llegar a ser bastante cortante cuando no me dan por dónde hablar.
Es decir, cuando comienzo con un tema, nada ni nadie me para hasta que exprese por completo mis ideas, no importando si vengo y termino divagando unas dos o tres horas.
Lo disfruto completamente.
Me gusta mucho poder hablar y hablar y hablar aunque no me sigan la conversación. Pero he de admitir que no me gusta cuando no me prestan atención porque... Entonces, ¿para qué me piden que hable?
También me gusta mucho hablarle a la nada. No, ya no pretendo que hay alguien escuchándome, porque suena bastante
creepy pensar que hay alguien en la oscuridad o al fondo de la habitación acompañándome [aunque sé que lo hay]. A veces empiezo a discutir conmigo misma en inglés y termino por responderme en alemán [a pesar de que las oraciones jamás tengan sentido lógico, para mí lo tienen].