¡¡Muy buenas las tengas y mejor las pases, criatura terrenal!!, qué gusto poder saludarte de nuevo. ¿Qué tal te encuentras?, ¿todo bien?, espero que todo bien porque si no, es de por gusto que te esté saludando; pero bueno, espero que todo lo que estés pasando, bueno o malo, sea para tu bien. Ven, te doy un abrazo.
El día de hoy vengo con ganas de recordar, inmortalizar, dejar plasmado (como una plasta) lo que fue mi viaje de «artista» que iba a eventos. Haré un ejercicio de repaso desde que comencé hasta que finalicé; esto será con muchos detalles, pensamientos, anotaciones, sentimientos y toda la cuestión porque... Bueno, es mi «huella» y busco dejarla en algún lado dentro de esta eternidad digital. xD
Espero volver a leerlo en unos años y seguirme riendo de toda la tontera que voy a escribir.
Si estás acá y estás dispuesto a leer/ver todo, te recomiendo ir por algo para comer, dale plei a la música que añadí al blog hace poco (ptmsoytanfelizporquehacemuchoqueríahacerloyhastahacepocomepuseajoderconloscódigosHTMLyloconseguísoydemasiadobuena) y disfruta de este viaje conmigo.
Esta es la prueba fehaciente de que, así, fue como comencé ese viaje artístico, jejejejejeje, I'm so silly.
Siendo honesta, no recuerdo del todo bien cómo fue que comenzó, en qué momento fue que tomé las riendas de la posibilidad de dejar en manos de otras personas las cosas que hacía en un contexto mucho más grande que el personal a cambio de un bien monetario.
Que comencé a vender mis dibujos, pues.
Así que... Tocará ver un poco hacia atrás para aclarar mi situación.
Sí, lo necesito.
Hice esto en el 2016, la idea de vender stickers personalizados al gusto de la gente se me hacía interesante, ya que seguía a muchas páginas de artistas de otros países (mayormente México y Argentina) y hacían tanto comisiones como venta de merch hecha por ellos.
Así que me dije:
¿Y por qué no?
Había crecido entre las ventas de productos gráficos personalizados que hacían mis primos para su tienda de productos otaku-geek; stickers, tazas, pachones, vasos, pósters, playeras/camisas, botones, cuadernos, lapiceros, llaveros y un larguísimo etcétera.
De algún lado podía empezar.
Tenía entendido que mis primos, en ese entonces, compraban los materiales para hacer los stickers de su venta en una de las librerías (papelerías) más grandes del país y no me fue tan complicado conseguir un paquete de diez hojas de papel adhesivo glossy (brillante); recuerdo que el paquete era de cartón y tenía un color parecido al morado, borgoña creo que le llaman... El papel glossy era mi tipo de papel favorito por su textura y visibilidad, así que... Bueno, hice de ese papel parte de mi «firma» personal para mis ventas.
Luego de la publicación que viste arriba, hice comisiones a algunos conocidos, entregué dos (creo) y las otras pues... Valieron mucho queso mozzarella, jajaja.
En el 2018, mi pareja de ese entonces, me animaba a intentar vender las cosas que hacía, ya que era bastante talentosa y a la gente le gustaría mis productos; pero yo tenía miedo.
Eso es lo único que recuerdo con claridad, el miedo.
Miedo a no llamar la atención de la gente.
Miedo a invertir sin generar ganancia.
Miedo a no ser relevante en el rubro.
Miedo a valer verga; con letra grande, en negrita, subrayado de amarillo, con color rojo y en itálica.
Luego, llegó el 2019, uno de los peores años de mi vida (por muchas varias cuestiones), pero esa vez... Decidí que era momento de intentar algo nuevo.
Como un pequeño contexto personal, en el 2018 conocí y compartí con una chica llamada Jey, que era artista gráfica (dibujante, graffitera/muralista, tatuadora), la cual pertenecía a un colectivo fem(inista)enino de artistas (del cual voy a omitir nombre porque se me hace demasiado pendejo y no pienso hacerle mención en este espacio que es 100% mío y libre de todo ese pensamiento mafufo xD) y, de cierta manera, me hizo darme cuenta de qué era lo que yo necesitaba.
La EXPOSICIÓN.
No solamente con galerías artísticas como en las que ella participaba, si no que asistir a eventos donde hubiera gente a la que le gustara ver dibujitos hechos por otras personas y pagaran por tener algo de esa merch.
Quizá ya no hablo con Jey a como lo hacía antes (que de por sí, era bastante poco), pero esto es algo de lo que aún sigo agradecida con ella (aparte de que haya sido mi madrina del graffiti, claro).
Entonces, comencé a meterme más y más a las actividades de ese colectivo, hasta que vi una convocatoria abierta a artistas para vender en un evento musical/visual qué se celebraba todos los meses; por suerte, era uno al cual yo asistía frecuentemente con mi (ya en ese entonces) ex-pareja. Ya lo conocía y sabía dónde se ubicaba, era lo único que necesitaba para poder asistir.
Era el (ahora) amado por pocos y odiado por muchos (incluyéndome) «Analógicos». La pensé muy poco porque de nuevo me dije: «¿y por qué no?», envié mis datos lo más pronto que pude y me respondieron que ya estaba dentro, que gracias por participar y que nos veíamos el sábado.
¿Te imaginas qué fue para mí el ver mi nombre en un panfleto?
Casi pierdo la cabeza cuando enviaron el video para compartirlo... Aunque, hasta hoy día, me sigo quejando por esa tipografía que usaron, el 5 de mi nombre se ve horrible, jajajaja. xD
Pero bueno, vamos al sábado que nos acontece.
Antes de eso, he de añadir que decidí hacer stickers, pósters media carta, separadores de libros y botones. Mis míticos primeros productos, jamás voy a olvidarlos.
Unos días antes, mi mamá me prestó Q100 para invertir en material e impresiones, quedé con Q0 de ganancia y al sol de hoy, todavía se los debo (te amo, mami, perdóname por mi vida de artista fracasada). Mi prima se encargó de los botones, siempre me aboqué a ella para hacerlos (ya que no contaba [ni cuento] con esa maquinita específica para hacerlos). Mi abuelito me regaló la lámpara qué alumbró mi mesa y la tijera con la que recorté todos los productos que hice, cuando solo se las había pedido prestadas (él falleció unos años después, así que son de mis posesiones más preciadas; la tijera aún conserva su filo original y me ha servido desde esa vez hasta la actualidad). La tarde de ese sábado, en una salida a nuestro parque favorito junto a mis hermanos, mi papá me dio mil y un consejos de vendedor «casaquero» para enganchar clientes y hacer que me compraran, mínimo, una cosa.
Yo hice todo lo demás; terminé los diseños en unos días, me presioné para terminar los fanarts de Steven Universe y de Studio Ghibli qué nunca se vendieron (los terminé perdiendo después). Salí emputada de dónde fui a hacer las impresiones, me destruyeron una hoja con dos pósters por una mala alineación de cabezales de la impresora, el trabajador hijo de toda su pinche puta y malnacida madre ni siquiera se disculpó y me terminó cobrando la hoja desperdiciada; tiempo después, los coloqué como «muestra» en mi álbum de pósters (unos tantos años luego, regalé uno a Livi; prácticamente una de las pocas personas honestas y sinceras del gremio de artistas que conozco [luego me adentraré más en esto]). Recorté stickers mientras iba en bus (que ya ni tengo certeza de a dónde carajo había ido, solo recuerdo que iba sentada viendo a ratos la calle y recortando a otros ratos)...
Mi papá me fue a dejar al lugar, entré casi temblando y, para mi suerte, encontré a quien fue el primer cliente de mi historia: Rodrigo, uno de mis más grandes amigos, estaba acompañado de su mamá. Recuerdo que hizo una compra pequeña, pero valiosa, tan valiosa que el sticker que compró se difuminó con el tiempo (quedó en blanco) y no ha habido oportunidad desperdiciada para no recordármelo (no fue mi problema, Roro, fue el papel, jajajaja xD).
Así empecé mi viaje esa noche de sábado, entre luces de colores, tabaco, alcohol, una que otra droga, música, proyecciones de películas y mucho, pero mucho miedo.
No sabía qué hacer, cómo vender, cómo ofrecer... No sabía nada.
Al final, ese día conocí y compartí con muchas personas (sobre todo con un par de chicas artistas que estaban sentadas cerca de mí). Había gente que llegaba a halagar mi trabajo, otros que se notaban disgustados por mis cochinadas, otros que solo llegaron en espíritu porque ni siquiera se asomaron (a pesar de haberles invitado a asistir para «contar con su apoyo»), otros que llegaban bien ebrios o «prendidos» a ver qué podían comprar... Y así se fue el tiempo.
Créditos de la foto: Rodrigo.
Un rato antes de irme, salí a fumar a como ya acostumbraba hacerlo en ese evento, cerca de la entrada del lugar. Me sentí extraña de estar ahí haciendo algo nuevo, desconectada por un momento de la realidad. Me hice a la idea de que era nada más una sensación por culpa del miedo que tenía.
Al regresar a casa fue todo felicidad, me sentí con ánimos de seguir buscando eso que quería, la bendita exposición.
En el segundo evento también fui invitada por el mismo colectivo que mencioné arriba, esta vez iría una de las chicas con las que platiqué, yo y nadie más. Fue un evento más tranquilo, de día, llegó a apoyarme mi mejor amigo, José, y mi mejor amiga de la universidad, Clara. Conocí también a quien pasó de ser cliente a gran amigo, Zero. Había mucha más gente que platicaba conmigo, hasta compartían experiencias variadas que mis dibujos les hacían recordar... Fue un buen día, uno de los mejores en cuestión de ventas; incluso coroné el día yendo a comer pizza con mi familia y, al día siguiente, madrugué para salir a una de mis ciudades favoritas del país (Xela) para acompañar a uno de mis primos a vender sus y mis productos en un evento de anime.
Créditos de la foto: Clara.
El tiempo fue pasando, los eventos continuaron...
Me fui dando cuenta de que buscar exposición no era algo que solamente yo hacía, si no que había una bastedad de personas buscando lo mismo... Es lo normal, todo artista busca darse a conocer, generar comunidad, conseguir que los demás puedan reconocer su trabajo y ahilarlo a su persona.
Es una lucha de egos bárbara.
Y la verdad, yo no estaba para seguir con eso.
Así que, al caer la pan-de-mota, me dije que ya no quería estar en esos eventos «exclusivos» de artistas, necesitaba otra energía, otra gente, otro ambiente; pero ese era el problema, ¿dónde iba a encontrar eso que tanto anhelaba?
Porque lo único que quería, era hacer amigos y encajar de alguna manera en algún nicho artístico (que no fuera el habitual, donde todos se la llevan de "buena vibra" cuando minimizan el trabajo de los demás, son hipócritas, avariciosos, gatekeepers, envidiosos, discriminadores o se les sube la «fama» por tener más «me gusta» o seguidores en Instagram [o cualquier otra red social] que otros).
Hasta que en el 2021 comencé a tener contacto con lo que sería mi mayor pasión, los eventos underground de Hip-Hop. Ahí conocí a mi gente, estuve en mi mero mole de ambiente y todo eso fue gracias al buen Plaga.
No hacía venta loca ni nada, pero me la pasaba increíble; compartí con personas que tenían los mismos pensamientos que yo, que no competían, que solamente buscaban pasársela bien y mantener la cultura. Comencé a hacer más amigos que clientes (como por ejemplo, mi apreciado Lumpy, el gran Yisus y mi hijo en espíritu, Gang) y comprendí la belleza del intercambio de stickers y otro material gráfico sin ponerte a ver «qué cuesta más» o «qué cuesta menos», también entendí lo importante que son esos eventos no solo para darte a conocer, si no para compartir con gente que también comienza en el arte (no solo gráfico, si no que también musical).
Se me hizo un reset mental/moral increíble, estar en ese limbo de los cuatro puntos del Hip-Hop (MC/Rap, Breakdancing, DJing y Graffiti) fue uno de los mejores momentos de mi vida como artista y créeme que hasta hoy día, sigo diciendo que esas personas, ese espacio, ha sido en el mejor en el que he estado (y sigo estando, prácticamente, solo que ya sin vender, jej).
Créditos de la foto: Lester.
Eventualmente, tales eventos comenzaron a disminuir hasta el punto de dejar de celebrarse. Por tanto, tuve que empezar a ver dónde podía seguir participando, fue así que llegué a conocer a Perlita con el Festival Arte y Magia, a Guille con su variedad de eventos como el Casino Gráfico; me reencontré luego de unos años a mi amigo Baku con sus eventos Algo Bien / Tokyo-3 y estuve en el estudio de tatuajes de Zero celebrando Halloween. En muchos de estos eventos me acompañaba Kennet, uno de mis más grandes amigos; aunque parecía mi sombra porque no conocía a nadie, he de comentar que agradecía profundamente su compañía, puesto que me la pasaba sola la mayoría del tiempo. Incluso podía dejarlo encargado de mi puesto cuando necesitaba ir a comprar algo o dar una vuelta xD (gracias por hacerme ganas, Kenny, te daré más stickers en agradecimiento).
Créditos de la foto: Lester.
El tiempo fue pasando y, con cada evento, comencé a sentirme peor. No era como que no disfrutara de asistir, si no que sentía que me estaba perdiendo entre lo mismo que hablé con anterioridad; la constante lucha de egos entre artistas, de ver que se hablaban bonito un rato y a espaldas del otro se clavaban cuchillos, espadas, navajas, lanzas y cualquier otra cosa con punta y filo... Al igual que la organización de CIERTOS eventos beneficiaba nada más a algunos artistas que eran los «preferidos» o a los que buscaban darle mayor visibilidad (cuando, por supuesto, todos los artistas participantes merecen el mismo nivel de trato y respeto).
Con todo esto encima, además de sentir que no encajaba de nuevo en ese mundo, fue que poco a poco comencé a rascarme la garganta hasta sacarme los gusanos que se comían mi cordura y me di cuenta de que necesitaba
PARAR
Pero no de forma inmediata, si no que hacerlo gradualmente. Dejé de aceptar invitaciones, dejé de ir a eventos incluso como asistente, dejé de compartir con la gente... Hasta que tomé la decisión de dejarlo por completo.
Y te preguntarás:
Pero, Janny, querida Dreamkiller, ¿no crees que sería mejor solamente dejar de lado las cosas por UN TIEMPO?, de paso, ¿puedes dejar de ser tan exagerada?
Y mi respuesta es:
NO, VETE ALV
Mentira, no es eso, tkm, gracias por tu pregunta, toma un jugo y una galleta; ahorita te sigo platicando.
Como comenté en el video que viste arriba, la verdad es que me estaba forzando demasiado a seguir adelante con mi «changarro» cuando yo misma sentía que estaba atorada, que no avanzaba, que no tenía nada más qué hacer. Probé estar en otros eventos y exposiciones, pero me terminaron rechazando la participación por alguna razón que no entiendo (no me la dieron). Probé vender muchas cosas, pero yo misma sentía que nada de eso se «iba».
Jajaja, incluso me quedé con una camisa que había ofrecido como unas diez mil veces y nadie la peló. xD
Pero bueno, mencionando también a la cereza del pastel, está mi depresión. Esa babosada que siempre me ha hecho sentir que todo lo que hago, no vale para nada y tantas veces que luché contra eso porque sé que no es verdad, que hay más de alguien ahí al que le importan mis cosas, pero decidí rendirme.
Además, como algo que solo le mencioné a personas cercanas con quienes platiqué al respecto, está el relleno de crema del pastel; mi maldita necesidad de estarme comparando con los demás... No sé por qué lo hago, nadie hace las cosas como yo y yo tampoco hago las cosas como ellos, pero así trabaja mi cabeza. Yo no puedo vender mis pinturas a precios estrambóticos y ellos sí, así que ellos sabrán por qué lo hacen. Si algo me di cuenta de todo este tiempo vendiendo, es que la gente de mi país, devalúa DEMASIADO el precio del arte porque no hay una cultura que valore y aprecie ADECUADAMENTE el arte. Unos quieren comprar un auto con los precios y otros (como yo) literalmente esperamos que nos compren algo para juntar el dinero necesario para comprar una sopa instantánea. Hay algunos clientes hijos de toda su flip-flop que te quieren pagar con cualquier cosa que no sea dinero y pues... No. Es como si dijeran: «ah, es que le pedí a un arquitecto que me diseñe una casa de cuatro niveles en un estilo minimalista y le pagaré su trabajo, su tiempo, su mano de obra y sus planos con un almuerzo conseguido en McDonald's», jajajajaja. O sea, sí hay intercambios equitativos, lo reconozco, pero esto no se puede, ptm. xD
Ay, no puedo, se me hace muy ridículo y me estoy proyectando porque sí me pasó (tengo una publicación entera dedicada a eso). Pero, regresando al tema.
Las personas de mi país tienen muy poca conciencia sobre la importancia del arte, sobre el valor que tiene y, bueno, por eso es que bajé mis precios de manera tremenda. El chiste era hacerme «rentable» a comparación de los precios de los demás, pero de todas formas, eso no me funcionó. Quizá, también he de añadir que mis dibujos no son del todo «lindos», «estéticos» y todo eso, si no que mi forma de dibujar, los temas de mis dibujos, toda esa vaina que hago con las manos después de que queden todas mojadas por jugos encefálicos al masajearme el cerebro, es bastante... No sé cómo describirlo, ¿«fuera de lo normal»?, ¿«bizarra»?, ¿«atrevida»?, ¿«horrible»?
No sé, pero igual... Ya da igual.
Me voy porque de verdad no aguanto más con la tensión de mi changarrito, de mi inestabilidad emocional, del gremio artístico, de todo en general. Pa'qué miento.
Me voy forever, forever, forever.
Gracias por acompañarme.
Y es que voy a extrañar
(y va a ser un chingo)
el poder ir a un evento,
buscar la mesa que me asignaron,
colocar mi cajita encima...
Y comenzar a ordenar todo.
Esta es la prueba fehaciente de que, así, fue como terminé ese viaje artístico, jejejejejeje, that's not so silly.
A pesar de toda la ensalada de texto, imágenes y video que añadí a esta publicación (que, ptm, está increíblemente larga, sí tenía razón esa persona que me dijo que tenía verborrea, jajajaja)...
Agradezco de todo corazón a cada persona que alguna vez se acercó a ver mis cosas, a decir «qué bonito dibujas», a comprar algo, a quedarse platicando conmigo, a contarme alguna experiencia que mis dibujos le hicieron recordar, a halagar el trabajo que realicé con mi fanzine de graffiti, a intercambiar stickers o pósters, a decir «¿cómo aparecés en Insta?» y demás cosas.
Agradezco igualmente a todas las personas que mencioné en esta publicación. A amigos, por haberme acompañado en toda esta travesía, por su apoyo constante y por su compañía inigualable. También a organizadores, por abrirme las puertas de sus eventos para compartir y convivir con su comunidad, al igual que haberme hecho sentir parte de la misma.
Fue un inmenso placer haber convivido y compartido con ustedes. Gracias por haberme hecho creer que mi arte me hacía ser alguien...
Porque siendo sincera, jamás he sentido que soy alguien o algo (por lo menos).
Gracias por el apoyo, por la amistad y por sobre todo, por hacerme existir (de alguna manera) en esos lugares donde pegan, colocan o llevan cosas hechas por mí.
Gracias a ti también, criatura terrenal, por pasar a leer este tremendo testamento que escribí... Pero, velo por este lado, puede ser la última vez que escriba y así puedes aprovechar a leerme las veces que quieras. (?)
Espero tengas un buen tiempo vagando por ahí, cuídate de los cambios bruscos de clima que hacen y espero que todo lo que hagas, te salga de maravilla. Te mando un abrazo fuerte, gracias por estar.
Hasta pronto. ~

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