A veces me quedo viendo a la nada y, a como me es costumbre, mi mente se atasca de pensamientos parasitarios. Trato de evadirlos lo más que puedo con un poco de música, con reproducir un video de algún youtuber aunque lo haya visto ya MIL veces, con buscar algún podcast de los mil millones de temas que me gustan...
Y llego a una conclusión:
Necesito que me hablen.
Extraño que me hablen.
Tengo esa necesidad tan perra de tener a alguien a mi lado que me esté hablando constantemente para no perder la línea de la poca cordura que me queda.
Y... No tengo a nadie que me pueda hablar.
Mi familia no está en casa.
Mi pareja trabaja.
Mi mejor amigo también.
Yo trabajo en casa pero eso no me es suficiente.
No sé si todavía los remanentes del maldito 2014 me atormentan a como lo hacían en su momento, pero cada vez me siento más y más sola; tal cosa (ahora) me desespera al punto de no dejarme en paz.
Y pienso:
Sería genial tener un amigo.
En ese momento, algo me hace clic.
Como si hubiese encontrado una de las raíces de mi problema.
... Yo ya no tengo amigos.



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