martes, 28 de julio de 2026

Miedo.

Hablando desde mi honestidad, un tanto desconectada e infantil...


Qué miedo me da la gente hoy día.


No porque puedan hacerme algo, no porque haya maldad innata dentro de ellos.
Si no porque realmente están tan expuestos a tanta mierda a su alrededor, que pareciera que ya ni tienen oportunidad de conocer o practicar la empatía.

¡¿En cuál realidad el humano pierde su humanidad y por qué debe de ser esta?!

No es que quiera pedirle a toda la gente que sea empática conmigo o con los demás, pero es que, ¡hombre!, ya en ningún lado encuentras a alguien que, con completa sinceridad, sea capaz de decirte:


«No te preocupes, yo entiendo cómo te sientes».


Todo este pensar es completamente mi culpa, puesto que estoy muy expuesta a redes sociales ahora que me he convertido en una especie de hikikomori, ya que por cuenta propia decidí aislarme del mundo (más que nada, por problemas emocionales que tengo conmigo misma); y estoy más consciente de cómo actúa la gente en internet.

Puede que parezca una anciana con lo que voy a decir, pero desde que fue la pan-de-mota del año 2020, todo se fue a la mierda.


¡¡TODO, MALDITA SEA!!

Desde ese entonces, la gente está tan acostumbrada a ver ya cualquier cosa en sus pantallas, sin sentir un gramo de empatía y solamente escupen veneno cual víboras, mientras van deslizando el dedo hacia arriba, buscando algo que los atrape por unos segundos para conseguir esa satisfacción artificial, ese "boost" de dopamina falsa al que están tan acostumbrados.

¿Qué pasó con el tacto entre personas?, ¿qué pasó con la empatía?, ¿qué pasó con la humanidad?

La frialdad y desconexión de la gente es impresionante, me da miedo. Pareciera que ya han visto tanta maldad que, así no más, la imitan, la mimetizan. Ya nadie sabe cómo vivir sin juzgar ni criticar a sus semejantes; les da igual hacerlo, ya que se encuentran protegidos tras el blindaje de la pantalla del celular. Lo único que importa, son ellos mismos; cuentan con un mundo parecido a una muñeca hecha de retazos de tela, unidos por hilos de diferentes colores y rellena de cualquier cosa que encuentran a su alrededor. Ya que se basan en acciones y opiniones de otros, que fueron copiadas de otros e inventadas gracias a otros. Nadie tiene un pensamiento propio, nadie se toma el tiempo de contemplar qué hay en sus cabezas; todos tienen la razón y su razón es absoluta, si alguien lleva la contraria, es un estúpido, es un imbécil, porque «ninguno es mejor que yo».

Y qué terror me causa eso, siendo honesta.

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Una noche, regresando de casa de mi pareja, vi un auto que me dejó pensando un buen rato, incluso al punto de querer llorar. En mi país es común que los autos sean importados desde otros países, sobre todo desde ese país malvado de gente que se cree superior a los demás nada más porque es gigante y está al norte del continente. El asunto está en que a veces los nuevos dueños los dejan tal como los importaron, con las decoraciones que ya tenían y demás. Esa noche vi un auto pequeño de cuatro puertas, detenido entre el tráfico, el autobús donde iba también estaba detenido; vi que uno de los vidrios del auto tenía un adhesivo de vinil blanco, era una oración que decía: "if you are looking for a signal to keep living, this is it" («si estás buscando una señal para seguir viviendo, esta es»). No tengo idea si era decoración del dueño anterior o el dueño actual, pero me conmovió profundamente. Llegó en un momento en el que necesitaba leer algo así y, sí, a mi pensar, este tipo de cosas deberían volver a ser lo «común» entre todos. Somos humanos, seres pensantes, sintientes y capaces de entender al otro. No debemos dejar que la frialdad de una máscara virtual nos haga dejar de serlo.
Al menos es lo que yo pienso. El mundo debe volver a ser tierno, inocente, empático.





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