martes, 28 de julio de 2026

Calvario.

    
    En algún momento de mi vida, reflexioné sobre lo que significaba ser hermana «mayor».
Y la verdad, no me agradó hacerlo.


Digamos, no todos tenemos la misma experiencia, no todos compartimos el mismo estilo de vida, pero como hermano «mayor», tomas una responsabilidad mucho más grande entre el rol de tu familia.
No sé cómo explicarlo realmente, es extraño (a pesar de que me he puesto a pensar en eso, mucho debo de admitir), pero resumámoslo a que tomas cierto papel autoritario, casi al mismo nivel de tus padres.
En casa, eso me solía pasar; yo era la que debía de cuidar de mis hermanos. Mis padres (como era lo usual) no estaban y yo me encargaba de ellos, de alimentarlos, de ayudar/ver sus tareas, de cuidarlos, de «educarlos», de arroparlos, de escucharlos...
Yo hice más papel de padre que mis propios padres.
Y siento que es algo que muchos hermanos mayores comparten. No en igual medida, pero sí lo hacen.
Aquello de ver por el bien de los hermanos, de querer que estén bien, de ayudar y apoyar en lo que necesiten.
En algún momento le dije a mis hermanos que todo lo que hacía por ellos, era porque sentí que me hizo falta y no quería que vivieran lo mismo que yo.
Imagino, que ellos lo entendieron de alguna forma y me gusta hacerme a la idea de que, de una forma u otra, me lo agradecieron.

... Hasta que se hicieron ADULTOS.


Aquí me voy a despegar de hablar en general y solamente hablaré de mí.

Yo realmente me tomé ese papel de «padre» con mis hermanos, no fue por idea o gana mía; fue porque papá en uno de sus tantos viajes, me dijo: 


«Vas a ocupar mi lugar mientras no esté, cuidarás de tus hermanos y de mamá». 


Me lo tomé en serio. 
Era una niña criando a otros niños. 

Luego comenzó la ausencia marcada de ambos padres, éramos solo tres hermanos viviendo sin apoyo de un «adulto responsable». Así que, dejé de lado toda esa infancia y esa adolescencia para comenzar a cocinar, aprender a distraer a mis hermanos con juegos diferentes, leer sobre crianza infantil... 
Traté de ser eso que nos hizo falta. 
Por mucho tiempo.

Hasta que se hicieron ADULTOS.

Primero fue uno, creció y comenzó a hacerse rebelde. Me retaba, me hacía sentir como si mi palabra y mis intenciones no tuvieran valor, porque «yo era la que le había dado el ejemplo». Discutíamos, peleábamos, terminábamos lastimados y yo me sentía herida al doble; esa personita que yo tuve entre mis brazos unos días después de que nació, me hizo este daño físico, me dijo esto otro que me caló emocionalmente, sentía odio y un fuerte rechazo. Debe tener sus razones, sí, que sea lo que diga, ya me cansé de tratar de arreglar las cosas.

Luego fue otro, creció y se volvió tranquilo, vivía en su mundo; pero media vez se enojaba, sentía que algo me atravesaba el pecho. Usaba palabras pesadas para expresarse, golpeaba cosas, gritaba con intensidad. Nunca discutimos ni peleamos, pero a pesar de eso, me dolía ver a esa personita a la que conocí en una camita a las horas de haber venido al mundo, vivir con esa furia reprimida. Comencé a sentir miedo y un temor inexplicable. Debe tener sus razones, sí, que sea lo que diga, no voy a molestar con mis preguntas.

Se hicieron adultos, adultos heridos, personas que no saben cómo procesar sus emociones ni cómo expresarlas; como mis padres, como yo lo soy también.
Qué triste es eso para mí, puesto que no pude cumplirles como se suponía que debía hacerlo.
    Y me detengo. Me pongo una mano en el hombro y me digo: 

"Esa no era tu responsabilidad; eres hermana mayor, sí, pero no era tu deber criarlos, educarlos y mucho menos, ver por quiénes podían llegar a ser".

Hubo un momento en el que no podía aceptar que ese par de niños a los que tanto he amado desde el momento en el que los vi por primera vez, ya habían crecido. 
Ya tenían una individualidad muy marcada. 
No se regían por reglas o mandatos de nadie. 
Hacían bromas ácidas e incluso sarcásticas, con un carácter hiriente.
Me dolía saber que ya no eran niños, sentí como si estuvieran arrancando un pedazo de mí para llevárselo con ellos entre alguna de las bolsas de la mochila, como si fuera una factura doblada y olvidada.
Lloré incontables veces pensando que esos pichoncitos irían a volar del nido un día cercano.
Tenía miedo de saberme sola, de ver mi nido vacío.
Tuve una pelea contra mí misma durante muchísimo tiempo respecto a eso, pero poco a poco, entendí que eso debía pasar. Ellos debían crecer, ser independientes, ser responsables, estar consientes de sus actos y sus consecuencias; sin que supervisarlos fuese mi obligación.
Obligación
    Obligación
        Obligación
            Obligación
                Obligación
                    Obligación
                Obligación
                        Obligación
                    Obligación
                                    Obligación
                                    Obligación
                                            Obligación
                                        Obligación
                                                Obligación
                                                    Obligación


Qué gran peso se lleva al ser hermano mayor. 
Ser ejemplo. 
Ser el que cumple con mil y un obligaciones.
Ser el primogénito de una pareja que se amó de alguna manera. 
Ser «el primer panqueque que siempre sale feo»
Ser todo para todos. 
Ser muy grande para los hermanos. 
Ser muy pequeño para los padres.


Todavía me pongo a pensar sobre cuál es mi lugar.
Si de verdad mereceré cierto cariño de parte de mis padres.
Si de verdad mereceré cierto respeto de parte de mis hermanos.
Si todo esto tiene que ver con que soy tan dominante para con todo.
Si debido a esto es que no quiero que se me cumpla el ser madre, porque ya tuve dos «hijos».
Quizá por esto es que soy tan «maternal» con los demás.
... Quizá por esto es que trato de buscar el bienestar emocional de los demás.
Hasta llegar al punto de olvidarme de mí.



«Bien, por lo que dices, los padres hacen de menos lo que vive el niño y llegan a normalizar sus síntomas. Definitivamente, los primeros que requieren atención psicológica, son los padres... Es una lástima, ya que son los primeros en resistirse».
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Tomado de algún comentario de Facebook en el 2025.






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