lunes, 19 de octubre de 2026

Amistad.

A veces me quedo viendo a la nada y, a como me es costumbre, mi mente se atasca de pensamientos parasitarios. Trato de evadirlos lo más que puedo con un poco de música, con reproducir un video de algún youtuber aunque lo haya visto ya MIL veces, con buscar algún podcast de los mil millones de temas que me gustan...
Y llego a una conclusión:
Necesito que me hablen.
Extraño que me hablen.

Tengo esa necesidad tan perra de tener a alguien a mi lado que me esté hablando constantemente para no perder la línea de la poca cordura que me queda.
Y... No tengo a nadie que me pueda hablar.
Mi familia no está en casa.
Mi pareja trabaja.
Mi mejor amigo también.
Yo trabajo en casa pero eso no me es suficiente.

No sé si todavía los remanentes del maldito 2014 me atormentan a como lo hacían en su momento, pero cada vez me siento más y más sola; tal cosa (ahora) me desespera al punto de no dejarme en paz.
Y pienso:

Sería genial tener un amigo.

En ese momento, algo me hace clic.
Como si hubiese encontrado una de las raíces de mi problema.
... Yo ya no tengo amigos.


¡Es más!, me ha costado mucho tener amigos reales (además de mi mejor amigo).
Sí, Jose y yo tenemos casi quince años de amistad, cosa que es de admirar de mi persona, porque mis amistades no pasaban más allá del tiempo que duraba el grado que estaba cursando.

  • Pre-primaria: No recuerdo las cosas con claridad, pero destacan un par de chiquillos con los que hacíamos despelote en clases, JuanPa y Christian.
  • Primaria: Kimberly, mi mejor amiga. La chiquilla con la que hablábamos por teléfono mientras veíamos la novela de la 1 P.M. y nos comentábamos todo, la que me regaló un reloj de Bob Esponja (como este) y mi madre me castigó pensando que lo había robado... Al salirme de ese colegio, perdimos comunicación. Luego, al cambiar de escuela, entablé amistad con Teresa, María, Glenda, Stephany y Cristina; mi grupo por default. También estaba René, Walter, Emanuel, Selvin y Wilson; mi grupo desmadroso.
  • Básicos/Secundaria: Ruby, Abigail y Lucía; las «raritas», según nuestros compañeros. Otto, Andrés y Brandon; nos llamaban los "nerds", jajajaja, siempre me ha causado gracia el término, pero sí, no niego que lo éramos.
  • Diversificado/Preparatoria: Jose, Aury, Gabriela, Anibal, Leonel, Gerson (✝), Kevin, Daphne, Fernando, Nielzen y Kevin. Nos hacíamos llamar (por ratos) los "Chewbaccas", no porque fuéramos fans de Star Wars o algo así, si no porque el nombre se nos hacía gracioso.
  • Convenciones: Roberto, Winston, Bárbara, Evelyn, Waffles, Jeannette (✝), Eduardo, Demetrio, Rodrigo, Diego, Trinidad, Ángel, Amadeus, Benjamín, Mario, Cinthia y Wen. Fue y es agradable poder compartir con los demás las cosas que te gustan y disfrutas.
  • Universidad: Cecilia, Leslie, Samanta, Clara, Victoria, Luis, Darling (con estos dos últimos compartí apartamento), Juan, Martha, Brian, Gerardo, Luis, Pamela y su primo (olvidé su nombre), Kandy, Odalis, Lizeth, Miguel, Josseline, Andrés, Andrea, AnaMa, Alejandra, Sofía, Karla, Emily, Annie, Ferdinand, Giovanna, Moisés, Alejandra, Tania, Fernanda, Daniela, Virginia, Claudia, Claudia, Pablo, María, Paulina, Kennet, Jonathan y Silvia. Fueron seis largos años de conocer y tratar con muchísimas personas, pero conectar con «pocas» de ellas.
  • Graffiti/Dibujo/Música: Ezmar, Alejandro, Jey, Zenit, Zero, Negrito, Kaos, Nosky, Plaga, Louly, Karma, Gang, Lumpy, Yisus, Bragan, Hereje, Pancho, Perla, Lena y Lester. El arte, en cualquiera de sus facetas, puede unir a las personas; lo aprendí a la buena, lo aprendí a la mala.
Mira nada más, hice mis cuentas y mencioné a ciento diez personas en una sola sentada, en una sola pensada.
¿Tú cómo cuántas personas crees que me hablan aún hoy día de todos ellos?
Si pensaste que unas cincuenta, te equivocas.
Si pensaste que unas ochenta, te equivocas aún más.
Si pensaste que unas diez, aún te sigues equivocando.
Si pensaste que unas cinco, te equivocas porque hacen falta.
De ciento diez personas, aún mantengo cierta comunicación con ocho personas, jajaja.
Me es increíble, ¿sabes?, porque yo misma me hacía una persona con cero probabilidades de mantener vínculos sociales con otras personas. Pero parece que sí puedo, de alguna manera, pero pude, puedo, no creo seguir pudiendo.

Para mí, casi toda mi vida, el concepto de amistad es algo bastante extraño, ya que mi madre metió sus tijeras en el mismo, primordialmente con su:

Los amigos no existen, los compañeros sí; una amistad real es difícil que exista. 

Y, ahora que soy adulta, puedo comprenderla de CIERTA manera, ya que amistades existen, ¡uff!, en cantidades bárbaras... 
Pero casi todas tienen ese detalle de ser
INTERESADAS 
Jamás me he enterado de una sola amistad que sea sincera, sin una finalidad en especifico o no más por los «loles» de tener un amigo. 
Es como dijo un youtuber al que veo:
Si no tienes conexiones, no existes. 
Y no solo lo dijo él, me lo ha dicho mucha gente. El ex-novio de mi prima, uno de mis antiguos mejores amigos, mi padre, mi hermana... 
Es increíble que los vínculos sociales sean capaces de definir quién eres, qué haces y para QUÉ SIRVES. 
No digo que sea cosa actual, para nada, eso debe de existir desde hace muchísimo tiempo, pero ahora que soy más consciente, puedo reflexionar al respecto y, quiera que no, realmente me causa cierto miedo. 

¿Pero por qué miedo? 
Porque no tenemos vínculos honestos con los demás. 



Es cierto, yo admito que tuve vínculos por mero, puro y duro interés en algún punto de mi vida, pero al darme cuenta de que los tenía, preferí soltarlos y alejarme por completo antes de causar algún daño (directo o indirecto) a mi interlocutor. 
Ya que, lo único que me importa, es poder tener vínculos honestos y desinteresados en mi vida. Jose, a quién tanto he mencionado ya en esta publicación, ha sido la única persona con la que en verdad he tenido un vínculo así. Hemos discutido, hemos dejado de hablarnos, pero sabemos que estamos ahí para el otro sin importar nada. Si nos vemos de lejos, nos acercamos al otro, nos saludamos, nos unimos en un abrazo y risas a carcajadas por las estupideces que hemos hecho durante nuestra amistad... 
Y debo admitir que tener su amistad, compañía y cariño (aún a pesar de las distancias), es de las mejores cosas que he podido experimentar en estos casi treinta años que llevo viviendo en este mundo frío y desconectado. 

No lo sé, pero le agradezco a Dios, a la vida, al Universo, a la existencia, la oportunidad de poder tener a alguien en mi vida a quien puedo llamar amigo, considerarlo mi hermano, mi confidente, mi «paño de lágrimas».
Agradezco también a todas y a cada una de las personas que llegaron a compartir de alguna forma conmigo, por sus palabras, consejos, compañía y cariño. Pero así, como muchos de ellos siguieron adelante, olvidándose de mí y de lo que compartimos juntos, ya es mi turno de seguir también.

Probablemente ese sea mi mayor problema.
No ser rencorosa o «sentida», si no que es
Querer demasiado a los demás
Demostrar mi cariño, mi confianza, mi respeto y mi lealtad hacia al otro, casi que, a flor de piel.
Me repito siempre, como si fuese una plegaria, aquello que dijo una de mis psicólogas hace años:
Nadie te va a querer de la misma forma en la que tú los quieres, Janny, y eso no tiene nada de malo.
Pero nunca aprendo, no lo entiendo, no lo proceso como se supone que debería de hacerlo.
Anhelaría que los demás se arrancaran la piel lentamente como prueba para demostrar el cariño que me tienen, casi como yo lo he hecho mil veces con todas aquellas personas a las que consideré cercanas, a las que les dediqué tiempo, a las que les demostré quién soy en realidad...

Creo que ya me cansé de eso.
De ser una persona 
INTENSA
De sentir demasiado, de pensar demasiado, de soñar demasiado, de querer y amar demasiado.
Porque, sí, he aprendido que en la amistad, también se puede amar.
El amor "philia".
Un amor desinteresado, basado en confianza, lealtad y respeto mutuo.
Uno con el que nací de forma innata, con el que buscaba hacer el bien, con el que he tenido que lidiar desde que era una niña porque no podía comprender por qué «los demás no lo sabían apreciar».


A veces extraño ese sentimiento de «compañerismo».
Extraño también el calor de un gesto desinteresado.
Al igual que una risa a carcajadas (por alguna tontería que dije).


Pero ya de nada sirve extrañarlos...
Ellos no me extrañan
Y eso está bien.
Supongo




Un saludo a todos ustedes.
Amigos míos.
Que la vida les sonría.
Que el Sol siempre brille.
Un amigo es un tesoro, leí por ahí una vez.
Ha sido un placer tenerles en mi vida.
Y rodearme de su compañía.
¡Salud! 🥂💖


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